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jueves, 10 de marzo de 2011

TEMA 5. PROBLEMAS Y CONFLICTOS EN LA CONVIVENCIA HUMANA


La convivencia humana, desde la más próxima y cercana hasta la más global, a escala planetaria, está llena de dificultades. La historia humana es el esfuerzo compartido por superarlas de una forma pacífica y hacer del mundo un lugar habitable para todos. Quizás no lleguemos nunca a realizar este sueño de convivencia, pero merece la pena intentarlo, pues mientras luchamos por conseguirlo vamos ganando en humanidad y dignidad. Saber tender una mano a aquel que puede perder el tren es un gesto de educación y bondad; tender una mano, un recuerdo o una palabra, al marginado, al que ha perdido o está a punto de perder lo poco que tiene, es un gesto de solidaridad y humanidad.


Todas las formas de exclusión social son fracasos de la convivencia. El ser humano no es un ser solitario que pueda vivir aislado. Nuestra vida es relación con los otros, es convivencia. Necesitamos de los demás no sólo para vivir mejor (tener amigos, divertirnos, charlar) sino también para poder sobrevivir. Pero al tratar con ellos aparecen ideas distintas, intereses diferentes, por lo que el acuerdo para organizar la convivencia es difícil. La vida humana es, por tanto, conflictiva.


En el ser humano se encuentran elementos optimistas (cooperación, ayuda) para conseguir un bien común, pero también elementos pesimistas (lucha, competición). Estos dos puntos de vista no se excluyen, pues la convivencia humana es una mezcla de lucha y cooperación.


Uno de los objetivos de la ética es ayudar al ser humano a encontrar formas de convivencia justas en las que sea posible el máximo crecimiento personal. La ética no propone eliminar los conflictos, sino conseguir que éstos se resuelvan pacíficamente con diálogo y nunca con violencia.


Marginación y exclusión social


Las diferencias entre las personas no son negativas, pues gracias a ellas podemos aprender unos de otros y enriquecernos mutuamente. Por eso la convivencia humana es un proceso de aprendizaje y creatividad. Pero a veces, pensamos que lo que nos hace diferentes también nos hace superiores a los demás. Así, admitir que hay diferencias puede suponer la negación de derechos de muchas personas, lo que a su vez implica que estamos marginándolas o discriminándolas.


La marginación se debe a varias causas:


- sociales y culturales, pues muchas veces marginamos a un colectivo por no tener las mismas costumbres que la mayoría o pertenecer a una cultura diferente.


- económicas, ya que a veces un grupo queda excluido por no poder acceder a la actividad económica normal y tiene como consecuencia la pobreza.


Las mujeres constituyen uno de los colectivos más discriminados y marginados de todas las sociedades y culturas. La distribución tradicional de las tareas y ciertos prejuicios sobre las capacidades físicas y mentales de uno y otro género han dado lugar a su exclusión de los sistemas educativos y culturales, así como de la participación en la vida pública de la sociedad. Afortunadamente cada vez más –sobre todo en los países más desarrollados- se van superando esos prejuicios y eliminando la marginación, alcanzando mayores niveles de igualdad y una convivencia más respetuosa con la diferencia.



La pobreza es la forma de exclusión social más habitual de nuestra sociedad; de hecho, muchas otras formas de marginación social o cultural tienen como base la pobreza. Normalmente no rechazamos al inmigrante por ser extranjero, sino por ser un inmigrante pobre.


Racismo


El racismo es una forma de discriminación que se expresa en creencias y actos antisociales y se justifica con razones de tipo biológico. Desde el punto de vista científico, el racismo es infundado e inconsistente, pues las diferencias culturales, sociales o incluso psicológicas no pueden asociarse a diferencias genéticas. De hecho, es incorrecto utilizar el concepto de raza para referirse al ser humano: únicamente hay una raza humana y las diferencias físicas se derivan de nuestra diferente adaptación al medio.


Aunque sigue habiendo racismo, lo que existe realmente es odio y rechazo hacia lo extraño, lo diferente, lo que es distinto a lo nuestro. El racismo biológico es ficticio, pero sí se da un racismo social o cultural. Por eso es más preciso hablar de xenofobia que de racismo, ya que la xenofobia es el rechazo del extranjero, del otro. Por una parte, segregamos, es decir, los excluimos o los discriminamos, llegando en algunos casos extremos (como hicieron los nazis con los judíos durante la II Guerra Mundial) al exterminio; y, por otra parte, los inferiorizamos, los consideramos inferiores y por eso no pueden tener los mismos derechos que nosotros, que creemos ser superiores o, por lo menos, normales.


La actitud racista generalmente se identifica con el etnocentrismo, es decir, en afirmar que nuestra raza es superior a las demás; casi todas las culturas y sociedades se ven a sí mismas como superiores al resto. Esta actitud está muy presente en la cultura occidental, que al entrar en relación con otras culturas siempre se ha considerado superior.

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